En estos momentos la impotencia me domina. El saber que no puedo hacer nada me supera de tal forma que querría huir; correr hasta consumir todo el aire de mis pulmones y acabar perdido en un lugar que no recuerde mis errores, un lugar en el que poder ser quién me gustaría haber sido, un lugar nuevo, un lugar mejor.Pero supongo que soy demasiado cobarde, lento o sensato como para hacerlo, así que me conformo con que mi mente pueda. Me coloco los cascos, subo el volumen al máximo y, como si fuera una droga de diseño, elijo la música que necesito; la ordeno, la mezclo o la hago sonar hasta que me sepa cada uno de sus acordes. Entonces me tumbo, cierro los ojos y me dejo llevar por la melodía que todavía retumba en mis oídos. Me siento viajar en cada nota hacia otro mundo, un mundo nuevo, un mundo mejor. Un lugar en el que vivir a mi manera, un lugar donde poder enamorarme, en el que vivir un amor brutal, precioso, miserable. Un romance químico, hecho para mí.
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